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¿Qué es mejor, puertas correderas o abatibles?
¿Qué es mejor, puertas correderas o abatibles?
En este post analizamos las principales características de las puertas correderas y abatibles, comparando las ventajas y desventajas de cada una de las dos tipologías.
Fecha:
21 de diciembre de 2020
Escrito por:
Julio A. Romero Alonso

Aunque las puertas abatibles de toda la vida tienen un uso muy extendido y generalizado, en cualquier proyecto de obra nueva o de reforma, surge algún espacio donde encaja mejor una puerta corredera. Sin embargo, cuando comentamos el diseño con nuestros clientes, muchos desconfían de este tipo de  puerta, porque tienen cierta “mala fama”, creen que pueden funcionar peor o que se estropearán más fácilmente, también sienten que les proporcionarán menos intimidad. En este post vamos a analizar las principales características de las puertas correderas (en concreto las que se esconden en el interior de los tabiques) y las puertas abatibles, comparando las ventajas y desventajas de cada una de las dos tipologías.

Tamaños de hoja y espacio de paso

Una puerta corredera de grandes dimensiones instalada en una reforma en el centro de Madrid.

Comencemos por el tamaño de la puerta. En ambos casos (puerta abatible o corredera), podemos elegir un tamaño de puerta estándar (refiriéndonos al tamaño de la hoja de la puerta). La altura de una puerta estándar es de 2,03 m y disponemos de 3 anchos estándar: 62,5 cm, 72,5 cm y 82,5 cm. Aunque hay fabricantes que ofrecen más variedad, estos son los principales tamaños estándar de una puerta. Toda puerta que tenga un tamaño distinto de estas medidas se considerará hecha a medida y tendrá un coste superior.

Los tamaños estándar de hoja son los mismos para puertas correderas y abatibles, pero el ancho de la zona de paso disponible con la puerta abierta no tiene por qué ser el mismo. Las puertas abatibles (siempre que se puedan abrir al menos 90º) dejan un espacio de paso igual al ancho de la hoja (si es estándar será 62,5 cm, 72,5 cm o 82,5 cm) menos su espesor, que suele rondar los 4 cm. Con lo cual, con una puerta abatible de, por ejemplo, 72,5 cm de ancho, nos quedará una zona de paso útil de 68,5 cm.

Las puertas correderas con manillón no se pueden esconder por completo en el tabique.

En las puertas correderas hay dos posibilidades, dependiendo del tipo de tirador de la puerta. Si el tirador de la puerta corredera es tipo manillón, la puerta corredera no se podrá esconder por completo en la pared y, por tanto, perderemos una parte importante del ancho para la zona de paso, aproximadamente 10 cm. Es decir, si la puerta corredera tuviera un ancho estándar de 62,5 cm y su apertura fuera mediante un manillón, la zona de paso disponible que quedaría con la puerta abierta sería de tan solo 52,5 cm, lo cual es una medida demasiado justa y no recomendable. Sin embargo, si el tipo de tirador es de los que quedan integrados en la propia hoja de la puerta corredera, sin sobresalir apenas unos milímetros, la puerta corredera se podrá esconder por completo en el tabique y, una vez abierta, podremos disponer de un ancho de zona de paso igual al ancho total de la puerta (una puerta de 62,5 cm, con tirador integrado en la hoja, deja una zona de paso útil de 62,5 cm).

En conclusión, los tamaños estándar o fuera de estándar pueden ser los mismos para puertas abatibles y correderas. En cuanto a la amplitud de la zona de paso disponible con la puerta abierta, las puertas correderas permiten un aprovechamiento máximo siempre que el tirador sea integrado (ya que la puerta abierta se esconde por completo en el tabique), si el tirador no es integrado y sobresale (tipo manillón) el ancho de paso queda muy perjudicado. En las puertas abatibles el ancho de paso siempre se reduce unos centímetros, depende del espesor de la propia puerta.

Espacio necesario para su apertura

Un tema relacionado con el punto anterior es el espacio necesario para abrir la puerta. En este apartado las puertas correderas son claras vencedoras. De hecho es una de sus principales ventajas, ocupan menos espacio. La puerta corredera se abre escondiéndose dentro del tabique, así que cuando está abierta “desaparece”. Esto es perfecto para espacios pequeños (despensas, trasteros, cabinas de inodoro, etc.) donde una puerta abatible resultaría incómoda u ocuparía demasiado espacio en su apertura.

Las puertas abatibles colocadas en espacios muy pequeños pueden provocar que estos resulten incómodos o casi inaccesibles. Algo que se sufre muy a menudo en las cabinas de inodoros de los baños de los bares y restaurantes, donde muchas veces hay que hacer piruetas para abrir la puerta, entrar y después salir.

Estructura necesaria para su instalación

¿Qué diferencias hay entre la instalación de una puerta corredera y una abatible? Las puertas abatibles son, en general, más sencillas de instalar. Tan solo requieren que se deje el hueco suficiente en el tabique y su correspondiente premarco de madera. Después el carpintero fija la puerta a ese premarco y la ajusta. El principal punto a vigilar es que el premarco quede perfectamente aplomado y nivelado para que luego la puerta también lo esté y no se abra y cierre sola.

Las puertas correderas tienen una instalación más compleja pero que está bastante estandarizada. Para instalarlas, lo más habitual es recurrir a “casonetos”, esto son marcos metálicos con una “caja” de chapa en la que se mete la puerta cuanto está abierta. Requieren un espacio en el tabique más grande, aproximadamente del doble de tamaño que el ancho de la hoja de la puerta, ya que tiene que caber el hueco de paso y la “caja” donde se esconde la puerta corredera. Esta cajá metálica existe en varias versiones dependiendo de si tenemos tabiques de pladur o de ladrillo. Si los tabiques son de ladrillo, viene preparada para revestirla con yeso, y si los tabiques son de pladur, viene preparara para forrarla con placas de pladur. Una vez rematado, el casoneto tiene exactamente el mismo espesor que un tabique estándar (unos 10 cm), por lo que queda perfectamente integrado. Es importante que durante la obra, sobre todo después de que el casoneto esté rematado, nadie lo perfore. Si se clava o atornilla cualquier cosa al casoneto es posible que traspase la chapa, llegando al hueco donde se esconderá la puerta, con lo que cuando coloquemos la puerta y la abramos, se arañará con ese clavo o tornillo. También debemos tener en cuenta que no podremos colocar ningún tipo de instalación (interruptores, enchufes, tuberías, etc.) en la zona ocupada por el armazón del casoneto.

Una puerta corredera de guía exterior, o de galería. Este tipo de puerta corredera no se esconde en el interior del tabique, no necesita casoneto y suele tener una función más decorativa.

Aislamiento acústico

Unas puertas correderas de vidrio que sirven únicamente para diferenciar dos espacios.

Este es uno de los puntos más importantes a la hora de elegir entre una puerta abatible y una corredera. Las puertas correderas ofrecen un aislamiento acústico inferior frente a las abatibles. Hay que tener en cuenta que cuando cerramos una puerta corredera, este cierre, por su propia geometría, no es tan estanco como el de una puerta abatible. Además, al cerrar la puerta, se queda un hueco vacío en el interior del tabique (el hueco donde se esconde la puerta corredera cuando la abrimos). Este hueco es un puente acústico importante, ya que es una zona donde el tabique tiene menos material y menos capas, con lo que el sonido se transmite mejor a través del mismo.

Precio

Por último, nos queda hablar del precio. Creo que ha quedado claro que una puerta corredera tiene mayor complejidad que una puerta abatible, tanto por los componentes como por su instalación, de ahí que tengan un coste superior en general. Hablando de puertas de medidas estándar, una puerta corredera instalada puede costar fácilmente el doble o más que una puerta abatible del mismo tamaño.

En conclusión, aunque a priori parece que las puertas correderas son las grandes perdedoras, hay que poner en valor lo prácticas que resultan para su uso en espacios reducidos y de difícil accesibilidad. También pueden resultar más atractivas desde un punto de vista decorativo ya que se integran en los tabiques y, cuando permiten una apertura total y son de gran tamaño, permiten fusionar espacios dando una continuidad total ya que “desparecen” en el interior del tabique. Las puertas abatibles son preferibles en la gran mayoría de los casos y nos darán siempre un excelente resultado, aunque por otro lado, podríamos considerar que, al ser más habituales, son un tipo de puerta menos exclusivo a nivel decorativo.

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