
Las viviendas de 1.900 no se construían como las de ahora, cuando se demolió el suelo nos encontramos directamente con el terreno natural, lo que explicaba las humedades que tenía la casa. Estudiamos la mejor manera de aislar la vivienda del terreno y de la humedad y decidimos crear toda una capa de aislamiento sobre una lámina impermeabilizante. Así, al mismo tiempo que solucionábamos el problema de humedades, reducíamos las pérdidas energéticas por el suelo.
Muchas vigas y pilares de madera se encontraban en buen estado de conservación, así como sus basas de piedra, elementos difíciles de encontrar en la actualidad y que le conferían un encanto especial a la casa. Decidimos limpiarlos y protegerlos para que quedarán a la vista.
Diseñamos foseados equipado con tiras led ocultas para iluminar de manera indirecta estas vigas y pilares de madera, así como los muros de carga de ladrillo macizo. Estos elementos vistos le dan un valor añadido a la vivienda y hacen ser consciente a sus inquilinos de la antigüedad del edificio, perteneciente a uno de los barrios más viejos de la capital.


Muchas veces se relaciona el centro de ciudades como Madrid con edificios viejos y pisos incómodos, difíciles de habitar. Con esta reforma no solo sacamos dos apartamentos de lo que antes era una sola vivienda, si no que conseguimos distribuirlos de una manera cómoda, con una buena iluminación natural y unas instalaciones totalmente nuevas. La casa es de 1.900, pero todo funciona a la perfección.
A través de un vestíbulo común privado, se puede acceder a uno u otro apartamento. En ambos se accede a través de la cocina, desde la que se da paso a salones amplios y diáfanos que conectan las diferentes estancias. Al eliminar pasillos y espacios de paso, sacamos el máximo aprovechamiento de la superficie de la vivienda.