
Normalmente, las reformas que realizamos tienen cierto margen de maniobra, puedes jugar con la posición de los tabiques y de los trasdosados para lograr la mejor combinación posible de espacios, pero en esta obra no era así, cada centímetro era de vital importancia. Tal fue la dificultad de optimizar el espacio que en los trasdosados para aislar la fachada se tuvo que cambiar la perfilería de 5 cm por la de 3 cm en mitad de la obra, eso sí, sin reducir la cantidad de aislamiento ya que se comprimió la lana de roca en ese mismo espacio.
Otro punto clave fue el aprovechamiento de la única bajante de la vivienda para colocar un baño, un aseo y la cocina. No era sencillo llevar el saneamiento desde los 3 puntos y se tuvo que aprovechar muebles y trasdosados para poder llevar las tuberías. La bañera, que es el punto más alejado de la bajante necesitaba más altura para lograr la pendiente necesaria, de forma que decimos integrar ducha y bañera en un pequeño espacio elevado, dándole un sentido estético al mismo tiempo que solucionábamos una dificultad técnica.
Por último, para tener más luz natural en la vivienda, además de crear un espacio central de salón-comedor-cocina muy diáfano, optimizamos el tamaño de las ventanas subiendo los cajones de las persianas por encima del propio hueco de la fachada. Este pequeño cambio fue especialmente notable.


Una casa compacta y eficiente, aprovechada al milímetro
Con apenas 67 m2 útiles es difícil pensar que puedan entrar 3 dormitorios, 1 baño, 1 aseo-lavadero, 1 salón, 1 comedor, 1 cocina e incluso una pequeña despensa, pero ese fue el resultado de esta reforma integral. No solo se logró un perfecto aprovechamiento de la casa sino que se mejoró la eficiencia energética de forma extraordinaria, teniendo ahora una calificación de A en emisiones y A en consumo, todo gracias a la introducción de aislamiento en fachada y techos, nuevas ventanas y un sistema de aerotermia con suelo radiante-refrescante.